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Propuesta Pedagógica

La propuesta pedagógica que impulsa nuestra Institución Educativa, tiene su base en el “Humanismo verdad” que propone San Pedro Poveda como la finalidad de todo proceso de desarrollo humano. Su centro es la persona, a su formación integral van encaminados todos los procesos educativos. Todas las personas que conforman la comunidad educativa tienen un rol formador que aporta a la tarea conjunta centrada en los estudiantes. Por ello, Poveda afirma: “… convengamos en que vuestro campo de operaciones, son los estudiantes… para ellos nos dio Dios la vocación” P.P.

Más que una propuesta pedagógica específica, Poveda plantea un modo de situarse frente a la realidad para identificar y analizar las necesidades y problemas relevantes del país y del mundo, e invitarnos a tomar decisiones con el fin de defender la vida asumiendo el cambio como un reto permanente. Este modo de situarse, implica una actitud de compromiso con el estudio como práctica a desarrollar para tomar decisiones y una actitud sensible frente a las necesidades de las personas en sus diferentes entornos. Estamos llamados, a dialogar con responsabilidad y perspectiva crítica, con las diversas opciones que apuntan a la calidad de la educación desde las corrientes pedagógicas actuales.

Esta propuesta se explicita en unos principios base, como horizonte que inspira la tarea educativa cotidiana. Dichos principios requieren el diseño de estrategias metodológicas como punto de partida para la planificación de experiencias de enseñanza aprendizaje. Y, finalmente la organización de lo dicho requiere explicitar algunos pasos básicos en la planificación para diseñar el proceso de enseñanza-aprendizaje. El siguiente cuadro contextualiza la propuesta educativa de Poveda en nuestra Institución Educativa:

PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS

Destacamos dos principios fundamentales que inspiran el desempeño cotidiano de la tarea formativa en aula: centralidad de la persona y contextualización.

Centralidad de la persona

Poveda afirma: “para educar hay que conocer a la persona que se educa; sin este conocimiento, los medios más excelentes serán infructuosos”. Continúa sosteniendo: “Hay muchas que parecen exteriormente vulgaridades, y son verdaderos tesoros, y esos tesoros quedan la mayoría de las veces sin descubrir, porque el educador no vence con los medios de que dispone la timidez, cortedad,… de su educando, condición precisa para que el tesoro sea descubierto”. Este principio inspira todas las acciones educativas que buscan ser ayuda, estímulo e impulso para el desarrollo integral de cada estudiante en un proceso que mira la plenitud de su personalidad.

La persona tiene un tesoro interior que hay que ayudar a descubrir, es un ser único y diferente, es muchas veces vulnerable ante las vicisitudes de la vida, por lo cual hay que desarrollar en ella habilidades para afrontarlas, es un ser sociable y con capacidad de comunicación, racional, libre, inmerso en la naturaleza, inquieto y abierto a la trascendencia. Todos estos rasgos son contemplados en nuestra pedagogía. Creer en este principio, implica formar personas libres, autónomas, creativas y participativas.

Contextualización

Teniendo como punto de partida la centralidad de la persona, es que reconocemos que ellas son iguales en su esencia y, diferentes, porque responden a sus específicas realidades familiares y culturales. Si reconocemos las diferencias como riqueza, reconocemos también que es imprescindible que la tarea educativa cotidiana tenga en cuenta los diferentes contextos de procedencia de los estudiantes y los desafíos de la realidad local, nacional, mundial, propiciando aprendizajes significativos a partir de su realidad, de sus necesidades, motivaciones y experiencias previas. Respondemos así a la visión de Poveda, de formar personas comprometidas con la transformación social.

Contextualizar implica tener en cuenta que cada persona es única, diferente y original. Por lo tanto es importante; valorar la riqueza de la diversidad buscando la complementariedad y la ayuda mutua; respetar los ritmos personales, la espontaneidad, creatividad y originalidad, sentido de iniciativa y participación de los estudiantes para una sana convivencia.

En nuestro contexto peruano, como en otros, la riqueza de las muchas expresiones culturales, nos llevan a pensar y actuar con actitud integradora, que la coyuntura define como inclusión. Este es un llamado especial del principio de contextualización que nos desafía a “incluir” y no a “discriminar”, desde las actitudes y los hechos cotidianos.

Por otra parte, nuestro contexto requiere poner énfasis en la educación intercultural y ambiental; la primera busca que los estudiantes aprendan a convivir y estén abiertos a otras realidades culturales, a otras sensibilidades y visiones de la realidad, reconociendo, respetando y valorando las diferencias, avanzando así colectivamente hacia el diálogo intercultural. La educación intercultural parte del reconocimiento de las propias particularidades y la construcción de identidades / subjetividades que son las que hacen posible el diálogo entre sujetos. No hay posibilidad de diálogo intercultural sin construcción de identidades culturales.

El segundo énfasis prioriza el integrar, en la acción educativa, la educación ambiental para el desarrollo sostenible, que permite identificar las tensiones ambientales actuales, planificar y generar alternativas y trabajo concertadamente con otros. La educación para el desarrollo sostenible tiene como finalidad lograr que se construyan prácticas de solidaridad intergeneracional -incluso con aquellos que aún no nacen- para que tengan acceso a mínimos a los que todos los seres humanos deben aspirar.